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Archive for the ‘Columna’ Category

Asamblea General de Estudiantes: un espejo de la legislatura

Nayda Ivette Pérez Román

Imponían su punto de vista respecto a los temas abordados, en ocasiones respondían intransigentemente a las propuestas sugeridas, gritaban al utilizar los micrófonos y utilizaban un tono de voz arrogante.

Mientras observaba la Asamblea General de Estudiantes realizada el pasado jueves, 18 de septiembre en la Plaza Antonia Martínez del Recinto de Río Piedras de la UPR, la imagen que venía a mi mente era la de la legislatura puertorriqueña. Los representantes estudiantiles que dirigían la reunión desde la mesa presidencial, el comité de escrutinio y otros que vigilaban por la seguridad de los micrófonos se expresaban verbalmente de manera violenta hacia las personas que los eligieron para ocupar sus puestos en los Consejos de cada Facultad.

Sin embargo, los asistentes no permitieron que se siguiera este régimen por mucho tiempo. Cuando una de las representantes estudiantiles alzó su voz imponentemente abogando en contra de una propuesta, decenas de universitarios se pusieron de pie y reclamaron que bajara la voz. En un instante, se escuchó por las bocinas “solicito una moción para que la compañera baje de la mesa”. Y claro, la moción fue secundada y los votos a favor subieron al aire. Obviamente, no se hizo caso al voto, al igual que se hace en el gobierno de la Isla con las decisiones del pueblo- y me refiero al voto de la unicameralidad.

Fueron varios los aspectos que pude vincular entre los dos cuerpos. La discusión en torno a los asuntos, en la que reinó una misma especie de “línea editorial”, era destinada para manipular al público y hacerlos pensar igualmente. Las críticas fueron proclamadas con fuerza pero con argumentos flojos, en ocasiones que se prestaban para llevar a cabo un razonamiento contundente. Asimismo, la desorganización y la falta de preparación caracterizaron a los dirigentes. Sólo tenían escritas las propuestas para uno de los problemas, la imposición del nuevo Reglamento General de Estudiantes. Las otras proposiciones fueron pensadas al momento por los integrantes de la mesa regidora, lo que provocó dificultades al momento de pronunciarlas al público, la necesidad de repetir las mismas al menos tres veces y la confusión de la masa electoral. Esto también demostró la falta de elocuencia de los líderes allí presentes.

¿Será que los legisladores son sus modelos a seguir? ¿Será que la exposición constante a estas conductas inapropiadas de parte de los mandatarios de la Isla hace que actúen igualmente de manera inconsciente? Es preocupante que los próximos líderes del País, los que se encuentran en proceso de desarrollo actualmente, estén siguiendo un ejemplo incorrecto.

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____El reloj marcaba las 9:45. Lo sé porque justo en ese momento iba a apagar la radio. Entonces lo escuché, el ruido de dos golpes sobre la puerta de mi apartamento en la primera torre de Plaza Universitaria. No contesté. Imaginaba que era alguien de la administración. En otra ocasión, la administradora fue cuarto por cuarto a hacer algún anuncio, precedida por una empleada que tocaba la puerta sin anunciarse. Por eso no me dio con abrir. Comencé a delinearme los ojos frente al espejo que tenía reclinado de la pared porque aquí no se puede clavar nada…ni pintar ni pegar tampoco, pero ya ese es otro tema. La cosa es que sonaron los portazos nuevamente. Esta vez me irrité. Abrí la puerta de cantazo y pregunte qué pasaba, acompañando la pregunta con una palabra impublicable. Frente a mi estaba la misma empleada de limpieza de la vez anterior. Se veía un tanto estresada, pero detrás de ella, podía ver a la administradora, imagen de la tranquilidad, tocando puertas. Para el que no supiera que acostumbraba a hacer sus visitas con un sequito por delante, nada parecería extraño. De todas formas el caso es que no me preocupe mucho cuando la empleada me dijo que tenía que salir rápidamente porque había una emergencia, sin dar detalles. Tomé mi sándwich de la tostadora -que no se supone que usara allí no fuera a ser que explotara la mini cocina-, y le avise a mi compañera de cuarto lo que pasaba. Ella estaba con pijamas y el pelo enredado. Fue un golpe de suerte que tuviera una reunión esa mañana porque de no ser así, me habrían sorprendido en medio de un encuentro con Morfeo, con el pelo en un moño que me hacía parecer un Teletubbie y una camisa extra grande del Fotomaratón del 99′. No tuve tiempo para agarrar más que mi cartera, pues temía que la empleada se metiera en el apartamento y me arrastrara a lo cavernícola. Bajamos por las escaleras como lo hacemos casi siempre ya que los ascensores parecen tener distrofia tecnológica desde siempre. Llegamos al patio delantero y nos dijeron que teníamos que cruzar la calle hasta la acera frente a Torre Norte, donde estaban los demás evacuados. Vi a muchas de mis vecinas con rostros cansados, mostrando rastros del maquillaje de anoche, cuando se cerró nuestra avenida para celebrar el aniversario del Vidy’s. Debido a eso, calculé que muchos no tendrían más de cuatro o cinco horas de sueño. Una chica se quejaba de un bajón de azúcar inminente, mientras que un muchacho cargaba con sus maletas y dejaba el dilema atrás, adelantando el acostumbrado viaje a casa de los viernes en la tarde. Otros más se lamentaban de haber dejado sus laptops atrás. Sin embargo, yo no acababa de preocuparme; estaba segura que aquello no era más que un simulacro de cuarta. Primera pista: si el sistema de altoparlantes sirvió durante el año pasado para que algunas guardias de seguridad y sus amigos inquilinos jugaran a locutores, ¿por qué no habrían de utilizarlo para anunciar una emergencia? Segunda pista: la guardia municipal no había cerrado la carretera. Tercera pista: los miembros del equipo administrativo y de limpieza estaban sentados en los bancos frente al complejo de apartamentos, como si aquello no fuera más que el break de las diez de la mañana. Además, tenía el presentimiento de que si todo aquello fuera realmente grave, la mayoría de los allí sentados nos habrían abandonado hacía tiempo.

____Me molestaba la farsa, así que me apresuré a llegar a la universidad para mi reunión. La noticia ya había llegado hasta mi facultad pero a nadie le preocupaba demasiado la suerte de Plaza Universitaria, sino más bien la inconveniencia que presentaba el hecho de que a causa de aquel asunto habían cerrado el tren. Al finalizar la reunión, regresé a la Avenida Universidad y me enteré de la razón detrás de nuestra huida. Aparentemente, un joven que como tantos otros puertorriqueños está demasiado acostumbrado al mantengo, no recibió el cheque de la beca a tiempo por razones desconocidas y por esto, amenazó con tirar una bomba en Asistencia Económica, que tiene sus instalaciones en el edificio anexo a mi hospedaje desde el año pasado. Ma-ra-vi-llo-so. Por eso es que habían evacuado los edificios residenciales de mala manera. Pero aún después de recibir esta información vía radiopasillo, bueno, realmente no, más bien radioacera, todavía no creí que la amenaza fuera real. Era obvio que los empleados compartían mi opinión, sino no se les vería entrando y saliendo sacando botellas de agua mientras nosotros nos ahogábamos. Entendí que tuvieron que evacuarnos por puro protocolo y apariencia. La verdad es que si nuestro moderno establecimiento realmente hubiera explotado en cantitos de cemento, víctima de la bomba, nuestro refugio a 20 o 30 pies de distancia habría sido inútil pues contrario a lo que pueda creer la administración, las cosas en la vida real no se dan como en una película de Schwarzenegger, y nosotros nos habríamos fastidiado junto con el edificio. Afortunadamente, no hubo chance para probar mi teoría; todo fue una falsa alarma. Ya para las dos de la tarde la mayoría de la gente había regresado a sus camas -quisiera decir cómodas, pero es imposible decirlo sin mentir- y los pocos que quedaban, merodeaban en el lobby comentando que quien quiera que hubiera causado todo aquello se metió en tremendo lío porque en Asistencia Económica grababan todas las llamadas entrantes. Lo dudo, suena muy fantástico. Mi incredulidad ha sido reforzada por el bombazo que nunca fue. Una vez en mi cuarto, recogí mis cosas a prisa, me iba a casa con más ajoro que lo usual. Le conté todo a mi madre en el camino. Esperaba sorpresa de su parte, pero no la demostró. Se limitó a decir que “esas cosas pasan en la UPI”. Quise defender mi universidad, busqué los argumentos para hacerlo, pero desistí. Mi madre pasó por la UPI antes que yo y en su segundo año sobrevivió la huelga del 81′. Después de todo, resulta que una amenaza de bomba fatula en mi segundo año palidece en comparación.

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Por: Natalia A. Bonilla Berríos

Llena el tanque pero promueve el hambre.

El biocombustible se deriva de componentes de la naturaleza vivos o desechos. Es visto como una alternativa para frenar los estragos de la contaminación ambiental por el uso desmedido del petróleo. Si es cierto que no hay un aumento neto de gases dirigidos al efecto invernadero, sí contribuye a la ruina ecológica.

Implica más deforestación y a consecuencia, reducción de alimentos para los pueblos. El reporte del 2005 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió que 47 países afrontaban escasez de alimentos y 36 de ellos, necesitaban ayuda inmediata.

Una diversidad de factores aportan a la diáspora de la crisis que ya dejó de ser tema del tercer mundo. El alza de precios en la dieta diaria se debe a las extensas sequías, el incremento en el costo del petróleo, el cambio en las costumbres alimenticias de China y entre otras, el consumo de biocombustibles.

La inestabilidad política se ha comenzado a sentir. El ex-líder cubano, Fidel Castro, ha atacado la revolución energética denominándola un “genocidio silencioso contra los pobres”.

El etanol y el biodiesel agravan los problemas energéticos existentes, no los soluciona. No traen consigo un plan a largo plazo para recompensar el daño a la materia prima ni mucho menos, ofrece opciones para mermar el fantasma de la hambruna en países subdesarrollados.

Aunque no hace falta irse muy lejos, en Puerto Rico el arroz, comestible internacional, ya ha subido de precio.

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Plaza del Mercado de R�o Grande

Hace unos días, en el suplemento La Revista de El Nuevo Día, se publicó un reportaje sobre la crisis alimenticia que nuestro país enfrentará próximamente debido a nuestra gran dependencia de las importaciones. El hecho de las importaciones debe ser un factor más de la cotidianidad para cualquiera que haya visitado un supermercado. Todo hijo de vecino ha visto las etiquetas con los nombre de país de procedencia al lado de la lechuga, los melones y las chuletas. Estados Unidos. Nicaragua. Chile. Canadá. Panamá. Filipinas. Indonesia. Y muy de vez en cuando, Puerto Rico. Porque el consumidor puertorriqueño promedio no sabría localizar a Filipinas en un mapa, pero si puede comprar mariscos que vengan de ese país localizado a 10,104 millas del nuestro. Nada fuera de lo normal, pero resulta que esa costumbre nos ha llevado al punto de que el 85% de nuestros alimentos son de origen extranjero. El 85. Parece un mal chiste que una isla tropical no pueda aportar un poco más a su propia subsistencia, pero así es. El caso es que ya no es cuestión de economía insular solamente, sino que simplemente, el producto del exterior ya no da abasto. Y cuando cada país vele por los suyos, ¿a quién vamos a llorarle? El puertorriqueño, que siempre ha pensado con la barriga, ahora le toca pensar con algo más funcional. Porque si las cosas siguen como van, lo que viene es agua de coco y mangó para todo el mundo. La comida de “riquitos” ya no será la langosta, sino un simple arroz con habichuelas. El problema no es hallar la solución, sino llevarla a cabo. Sabemos que hay que invertir en la tierra, al igual que sabemos de los millones que se han ido restando del presupuesto de incentivos a la Agricultura año tras año. Pero cómo culpar al Gobierno cuando la gente ha pedido a gritos más cemento. Más “obra”. Más “infraestructura”. La cuerda siempre se rompe por lo más finito. Pues ahí está el resultado de nuestro proceso dizque evolutivo. Porque para el puertorriqueño el progreso significó dejar atrás todo lo que fuimos antes y nos equivocamos. Por eso quedamos así, atollados en la nada porque no somos ni una cosa ni la otra. No tenemos agricultura que se respete y las industrias nos abandonan. Vivimos en la sociedad del mantenido. Donde la gente no termina la Escuela Superior, pero quiere trabajar en aire acondicionado y sino, en casa a ver la Comay hasta que llegue ayuda. No hay quien quiera recibir el sol de frente y hacer algo de provecho. Estamos en la cuerda floja y el balance nos falla. Y ya se va haciendo hora de despertar y oler el café que se pudre porque no hay quien lo recoja. Razones sobran para hacer lo que hay que hacer. Hacerlo por el calentamiento global que exacerbamos con tanta importación; por la economía que se nos hunde por dejar el dinero afuera en vez de invertirlo aquí… y en última instancia, apelo al orgullo. Porque podemos ser más que esto. Porque somos más que esto.

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Por Israel Rodríguez Sánchez

[publicado originalmente en APEP INFORMA año 2, edición 13, enero 2008]
[fotomontaje por Natalie Febo Rodríguez]

____La cobertura periodística sobre el intento legislativo de llevar a rango constitucional el matrimonio entre hombre y mujer ha sido una de las más difíciles en mi trayectoria periodística.
____Nunca antes había tenido que cubrir tantos argumentos irracionales por parte de grupos fundamentalistas que luego exigen “objetividad” a los periodistas y a los medios que los cubren. Me refiero a la “objetividad” en el sentido de “neutralidad”.
____El último ejemplo lo viví en días recientes cuando me topé con un manual que preparó un grupo autodenominado “Coalición a favor de la familia” para cabildear a favor de la Resolución Concurrente 99 con los legisladores y legisladoras.
El manual establece cándidamente que existen formas de “discriminación válidas”. Y expone, como ejemplo, el caso de una persona demasiado flaca o demasiado gruesa a la que no se le permite ser policía.
____Otra de las “guías” del manual alega que en el estado de Massachussets, donde se legalizaron los matrimonios entre parejas de un mismo sexo, enseñan aberraciones sexuales a los niños varones en las escuelas. Las descripciones de esas aberraciones en el manual son tan decadentes que sólo pueden ser reflejo del mundo interior de quien las escribió.
____Es como si de repente todas las fobias y represiones aterrizaran en el Capitolio.
Lo triste del caso es que nuestros legisladores se han dejado convencer por argumentos como esos, aunque saben que son absurdos, porque creen que les conviene políticamente.
Los líderes religiosos no sólo cabildean por la aprobación de la medida, sino que intervienen con los periodistas y los medios para que no los llamen fundamentalistas. La palabra los ofende.
____Es imprescindible notar que son unos grupos no representativos de la mayoría de los religiosos. La Iglesia Episcopal, la Iglesia Metodista y grandes sectores dentro de la Iglesia Católica no están en esta campaña por dividir aún más al pueblo puertorriqueño y por sembrar tanto prejuicio hacia otras formas de vida.
____El estado de derecho en Puerto Rico establece literalmente que el matrimonio es una institución civil que procede de un contrato entre un hombre y una mujer.
Que los cuerpos legislativos se dejen secuestrar por gente que ha perdido hasta a su propio rebaño, deja mucho que desear de los líderes que dirigen a este país.
____Que legisladores divorciados, casados con amantes, prediquen en el hemiciclo la vida que otros deben seguir, amparándose en la Biblia, nos debe repugnar.
Un estado de derecho que no reglamenta los derechos y los deberes de unas realidades en el pueblo es uno muerto.
____Los legisladores que respaldan esta medida pretenden hacernos creer que mañana la vida de cada cual cambia si ellos logran imponer su manera de ver el mundo. Porque de esto es que se trata: de su visión de mundo aunque no sea la visión que ellos practiquen.
La concesión o limitación de derechos debería ser objeto de un estudio racional.
____La enmienda constitucional propuesta no añade derechos a los casados, pero al elevarse a ese rango marginaría aún más a los que no están en matrimonio. Ese es el efecto.
____¿Cuál puede ser el móvil? ¿Creerán de verdad esos legisladores que luego de una enmienda constitucional como esa, los que conviven correrán a casarse, que los homosexuales dejarán de serlo, que los casados serán más felices? Y si así fuera, ¿qué beneficios buscan para el colectivo? Me temo que lo que buscan es imagen. Porque, lamentablemente, todo esto es pura imagen.

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[publicado originalmente en APEP INFORMA año 2, edición 13, enero 2008]

____En ocasiones particulares, tenemos que asumir posturas tajantes como colectivo. Por esto, la Asociación Puertorriqueña de Estudiantes de Periodismo (APEP) rechaza, categóricamente, la Resolución Concurrente del Senado número 99, que pretende llevar a rango constitucional el matrimonio entre un hombre y una mujer.
____ Aceptar esta resolución sería ir en contra de nuestros principios como Asociación. Según establece nuestro Reglamento, nosotros “lucharemos por una sociedad que asegure a cada ser humano el derecho a expresarse sin impedimentos basados en raza, color, sexo, orientación o preferencia sexual o afectiva, origen o condición social o económica, impedimento físico o mental, ni ideas políticas o religiosas”.
____ Seríamos unos hipócritas si apoyamos la Resolución 99, porque nuestro fin es defender las libertades esenciales de nuestro futuro oficio como la libertad de expresión, de prensa y de palabra. En cambio, esta medida coarta las libertades de la mayoría de los puertorriqueños y puertorriqueñas. Por esto, repudiamos el discrimen que ocasionaría su aprobación, y abogamos por el respeto de la individualidad de cada ser humano. Creemos que el Estado estaría censurando las relaciones humanas y las expresiones de afecto que consideramos legítimas.
____Esperamos que los dirigentes de este País, que fueron electos, y los fundamentalistas que merodean por donde no deben, vean que aprobar esta resolución conllevaría expropiarle libertades a los ciudadanos. Igualmente, exhortamos a que se respete la división entre Iglesia y Estado. Al Estado lo del Estado y a la Iglesia lo de la Iglesia.
Como pertenecemos a una sociedad democrática, confiamos que nuestra postura se escuche y respete. Finalmente, pedimos al Pueblo que reflexione y se empape de información sobre las implicaciones que conllevaría enmendar la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

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Para cualquier puertorriqueño que se valorara como tal, la noche del pasado sábado 19 era la “noche de la pelea”. Desde que escuché sobre el combate de Tito Trinidad vs. Roy Jones Jr., semanas atrás, imaginé lo peor. Ya fuese por lógica o por desdén, estaba segura de una derrota para el puertorriqueño. Hace mucho tiempo que el campeón había dejado de serlo y últimamente se había convertido en un chiste gastado en nuestro país. Quizás por eso decidió salir del retiro; claro que hay que considerar el obvio elemento económico, pero no es justo decir que ese fue su único motivo. Para eso le habría bastado una campaña publicitaria cualquiera, o quizás llegar a vender un par de guantes firmados en eBay…pero no. Nosotros los seres humanos somos más complejos que eso y de seguro que el otrora héroe borincano ansiaba volver a serlo. Sin embargo, verlo salir del retiro –una vez más- era algo así como ver a la Iris Chacón meneando las cachas entrada en los sesenta, como oír la voz dorada de Frankie Ruiz cuando ya las drogas la habían demacrado…algo incómodo, por no decir más.

¿Pero como culpar al púgil? No debe ser fácil pasar de ver tu rostro plasmado en banderines, camisetas y pañuelos por doquier a entrar a un supermercado y solo cazar un par de miradas furtivas. Así que buscamos a los que debieron haber estado ahí para aconsejarlo y sabemos que nadie se le plantó de frente a recomendarle que no peleara. Por eso, al igual que Santiago Nasar caminaba hacia una muerte segura en la novela de García Márquez, de camino al cuadrilátero, Tito se encaminaba a una derrota inevitable, y nadie, absolutamente nadie, se ocupó por evitarlo. Se podía parar antes pero ya no, no cuando los fanáticos estaban sentados esperando, no cuando el Madison, Don King y Pay-per-View habían firmado sus contratos. Y por lo tanto, ya no quedaba más que aceptar el porvenir, cada cual en su posición: Tito en una esquina, Jones en la otra y nosotros acá en la Isla sentados frente al televisor.

Yo, desde una marquesina riograndeña, veía a las personas a mí alrededor regocijarse, esperanzados como en tiempos mejores. Los grandes se servían del caldo gallego de la abuela y los chiquitos se atosigaban de papitas de la Frito Lay deliciosamente grasientas. Las Coors Light en la nevera y los sorullitos de maíz con la mezcla prodigiosa de kétchup y mayonesa, en la mesa. Entonces subieron los boxeadores al cuadrilátero y los cánticos de “¡Tito, Tito!”, no se hicieron esperar. Ese coro tan familiar que podía servir de apoyo, pero también era una carga…y no puede ser fácil llevar a cuestas la esperanza de un pueblo que quiere una razón más para celebrar, para olvidar que el país se nos cae en cantos, para poder beber y gritar y escribir “Tito # 1” en tinta blanca en las ventanas del carro y salir en la madrugada a tocar bocina, para que aquel antipatriota que se quedó durmiendo se tenga que levantar y se entere, que el nene puertorriqueño ha puesto el nombre de la Isla en alto, y que somos pocos, pero buenos.

Y todo era ruido hasta que suenan los acordes de nuestro himno, y nos contagiamos de la emoción del cantante cristiano que lo entona, porque sea cual sea su origen, ese es nuestro himno, y se esta escuchando en el Madison. ¿Oíste? En el Madison. ¿Okey? Todo ese cinismo que me protegía se evaporaba hasta desparecer por completo al ver de cerca esos ojos grandes, esa sonrisa de niño…tan ingenua, tan esperanzada…que rompe el alma y estimula a rogar por un milagrito. Entonces, contra todo pronóstico, desee verlo treparse en las cuerdas, y como lo hizo anteriormente -hace tantos años ya-, lanzar un grito de victoria sonoro que fuese acompañado por miles de sus compatriotas.

Al comienzo parecía que tal vez había algún chance para ese deseo. En los primeros asaltos, los espectadores se levantaban en una ola improvisada, unos implorando al cielo la bendición y unas profesando amor eterno a ese “gallo”. Pero ya después del cuarto asalto nadie se levantaba, y todos compartíamos un nuevo deseo, que cada intervalo de tres minutos pasara más rápido que el anterior; porque ese maldito contrincante parecía de hierro, “fresquecito” y para colmo, se pasaba de burlón. Nuestro profeta boxístico se cayó no tres, sino dos veces, pero dolió igual. Y ya hacia el final sólo pedíamos clemencia, que no se cayera una vez más, que resistiera, que no lo “noquearan”. No se cayó. Terminó el combate sin gloria y seguido, la decisión que ya todos adivinábamos. Los que en un principio lucían más seguros de una victoria puertorriqueña, buscaban justificaciones, lamiéndose las heridas. Cierto o no, muchos aseguraron que el Junior se abstuvo de liquidar a nuestro astro debilitado, y si es así, se lo agradezco. El caso es que el caldo milagroso de Doña Irma no funcionó. Perdió Tito, perdimos todos.

 

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