Población en peligro: ataques a la libertad de prensa

Por Mariana Muñiz Lara, Secretaria de Información y Prensa APEP

Este texto fue escrito en diciembre del 2004.

Decir que la libertad de expresión es un principio por el cual estamos dispuestos a morir, para el periodista estadounidense John Seigenthaler, no es un cliché; es una realidad. Según el Centro Internacional de Periodistas, en los últimos cinco años se han reportado más de 30 asesinatos de miembros de la prensa en América.

Los asesinatos y amenazas contra la prensa fueron el eje de las ponencias presentadas, el pasado noviembre, en “Estados Unidos, Latinoamérica y Puerto Rico ante los desafíos de la libertad de prensa”, actividad donde se conmemoró el quinto aniversario del Centro para la Libertad de Prensa en Puerto Rico, en el Teatro Tapia, en San Juan.

La libertad de expresión y prensa es un derecho fundamental consagrado por las constituciones de todos los países de América. Garantiza a la ciudadanía el poder de emitir y publicar ideas por cualquier medio, sin ser censurados previamente, y sin sufrir represalias por parte del Gobierno, a menos que causen daños a la moral de otros o cometan delitos. La libertad de expresión constitucional, sólo está limitada en Cuba, condicionada a los fines de la sociedad socialista, y en Venezuela, donde se prohíbe el anonimato, los mensajes discriminatorios y la propaganda de guerra.

Sin embargo, en todas estas naciones, la libertad de prensa se ve amenazada, en menor o mayor grado, por: censura previa y posterior a la publicación, privación y destrucción de material informativo, presiones económicas de publicistas, el monopolio de los medios, agresiones verbales y físicas, persecución judicial a través de leyes de mordaza y desacato, intimidaciones, secuestros y asesinatos.

La impunidad ante estas acciones, según el periodista colombiano Javier Darío Restrepo, provoca pensar que la población percibe a los periodistas como empleados de una empresa, y no como “los ojos, oídos y lengua de la sociedad”. El director de los talleres de ética de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano señaló que es importante que los lectores reconozcan que “la prensa no es libre para sí misma sino para los demás”, y que cada vez que se atenta contra ella se violan los derechos de todos.

Pero, el peligro no es solamente externo. Seigenthaler, fundador del centro The Freedom Forum, advirtió que “el que los valores de libertad no sean respetados por la misma prensa es tan peligroso como la censura gubernamental”. La vigilancia interna, para evitar la censura previa y la trivialidad al decidir lo que es noticia, también fue señalada por el copresidente del Centro para la Libertad de Prensa en Puerto Rico y director de El Nuevo Día, Luis Alberto Ferré Rangel.

Seigenthaler, quien fue presidente de la Asociación Americana de Editores de Periódicos, apuntó que los medios se han herido a sí mismos al permitir que el presidente George Bush le mintiera al país a través de programas como 60 Minutes, de la cadena CBS, y al provocar la poca credibilidad de las encuestas sobre las elecciones.

Por su parte, Leonard Sussman, quien dirigió Freedom House y es considerado uno de los mayores defensores de la libertad de prensa en el mundo, indicó que su mayor preocupación es que las amenazas a al libre ejercicio del periodismo están ocurriendo “no sólo en países donde no hay libertad de prensa sino en países totalmente democráticos”.

Sussman subrayó que las medidas antiterrorismo en los medios de Estados Unidos atentan contra los derechos a la información y a la privacidad. Este periodista entiende que la libertad radica a nivel genético en los seres humanos, y que la censura se basa en el miedo a la pluralidad.

Una prensa sin censuras es necesaria, para Restrepo, porque “cuando la opinión pública está bien informada tiene las herramientas para enfrentarse al poder”. De acuerdo con José Jaime Rivera, copresidente del Centro para la Libertad de Prensa en Puerto Rico y presidente de la Universidad del Sagrado Corazón, el libre flujo de la información es “el antídoto por la democracia”, siendo la democracia el poder del pueblo.

Los medios de comunicación, como principales fuentes de información para la sociedad, deben ser los más grandes defensores de la libertad de expresión. Las nuevas tecnologías con las que trabajan los medios, aunque pueden estimular una mayor regulación, sirven para que las ideas se comuniquen abiertamente, según Sussman.

No obstante, no son los medios y sus tecnologías los que garantizan la libertad de prensa, sino los propios periodistas. Según Restrepo, “decir no a un soborno cuando la necesidad apremia o publicar después de una amenaza, eso es construir libertad de prensa”, y la mayor libertad es perderle el miedo a la muerte, por lo que los periodistas asesinados deben ser considerados “héroes de la libertad”.

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