El 85, por Carolene Fontanet Smith

Plaza del Mercado de R�o Grande

Hace unos días, en el suplemento La Revista de El Nuevo Día, se publicó un reportaje sobre la crisis alimenticia que nuestro país enfrentará próximamente debido a nuestra gran dependencia de las importaciones. El hecho de las importaciones debe ser un factor más de la cotidianidad para cualquiera que haya visitado un supermercado. Todo hijo de vecino ha visto las etiquetas con los nombre de país de procedencia al lado de la lechuga, los melones y las chuletas. Estados Unidos. Nicaragua. Chile. Canadá. Panamá. Filipinas. Indonesia. Y muy de vez en cuando, Puerto Rico. Porque el consumidor puertorriqueño promedio no sabría localizar a Filipinas en un mapa, pero si puede comprar mariscos que vengan de ese país localizado a 10,104 millas del nuestro. Nada fuera de lo normal, pero resulta que esa costumbre nos ha llevado al punto de que el 85% de nuestros alimentos son de origen extranjero. El 85. Parece un mal chiste que una isla tropical no pueda aportar un poco más a su propia subsistencia, pero así es. El caso es que ya no es cuestión de economía insular solamente, sino que simplemente, el producto del exterior ya no da abasto. Y cuando cada país vele por los suyos, ¿a quién vamos a llorarle? El puertorriqueño, que siempre ha pensado con la barriga, ahora le toca pensar con algo más funcional. Porque si las cosas siguen como van, lo que viene es agua de coco y mangó para todo el mundo. La comida de “riquitos” ya no será la langosta, sino un simple arroz con habichuelas. El problema no es hallar la solución, sino llevarla a cabo. Sabemos que hay que invertir en la tierra, al igual que sabemos de los millones que se han ido restando del presupuesto de incentivos a la Agricultura año tras año. Pero cómo culpar al Gobierno cuando la gente ha pedido a gritos más cemento. Más “obra”. Más “infraestructura”. La cuerda siempre se rompe por lo más finito. Pues ahí está el resultado de nuestro proceso dizque evolutivo. Porque para el puertorriqueño el progreso significó dejar atrás todo lo que fuimos antes y nos equivocamos. Por eso quedamos así, atollados en la nada porque no somos ni una cosa ni la otra. No tenemos agricultura que se respete y las industrias nos abandonan. Vivimos en la sociedad del mantenido. Donde la gente no termina la Escuela Superior, pero quiere trabajar en aire acondicionado y sino, en casa a ver la Comay hasta que llegue ayuda. No hay quien quiera recibir el sol de frente y hacer algo de provecho. Estamos en la cuerda floja y el balance nos falla. Y ya se va haciendo hora de despertar y oler el café que se pudre porque no hay quien lo recoja. Razones sobran para hacer lo que hay que hacer. Hacerlo por el calentamiento global que exacerbamos con tanta importación; por la economía que se nos hunde por dejar el dinero afuera en vez de invertirlo aquí… y en última instancia, apelo al orgullo. Porque podemos ser más que esto. Porque somos más que esto.

Pura imagen la 99, por Israel Rodríguez Sánchez

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Por Israel Rodríguez Sánchez

[publicado originalmente en APEP INFORMA año 2, edición 13, enero 2008]
[fotomontaje por Natalie Febo Rodríguez]

____La cobertura periodística sobre el intento legislativo de llevar a rango constitucional el matrimonio entre hombre y mujer ha sido una de las más difíciles en mi trayectoria periodística.
____Nunca antes había tenido que cubrir tantos argumentos irracionales por parte de grupos fundamentalistas que luego exigen “objetividad” a los periodistas y a los medios que los cubren. Me refiero a la “objetividad” en el sentido de “neutralidad”.
____El último ejemplo lo viví en días recientes cuando me topé con un manual que preparó un grupo autodenominado “Coalición a favor de la familia” para cabildear a favor de la Resolución Concurrente 99 con los legisladores y legisladoras.
El manual establece cándidamente que existen formas de “discriminación válidas”. Y expone, como ejemplo, el caso de una persona demasiado flaca o demasiado gruesa a la que no se le permite ser policía.
____Otra de las “guías” del manual alega que en el estado de Massachussets, donde se legalizaron los matrimonios entre parejas de un mismo sexo, enseñan aberraciones sexuales a los niños varones en las escuelas. Las descripciones de esas aberraciones en el manual son tan decadentes que sólo pueden ser reflejo del mundo interior de quien las escribió.
____Es como si de repente todas las fobias y represiones aterrizaran en el Capitolio.
Lo triste del caso es que nuestros legisladores se han dejado convencer por argumentos como esos, aunque saben que son absurdos, porque creen que les conviene políticamente.
Los líderes religiosos no sólo cabildean por la aprobación de la medida, sino que intervienen con los periodistas y los medios para que no los llamen fundamentalistas. La palabra los ofende.
____Es imprescindible notar que son unos grupos no representativos de la mayoría de los religiosos. La Iglesia Episcopal, la Iglesia Metodista y grandes sectores dentro de la Iglesia Católica no están en esta campaña por dividir aún más al pueblo puertorriqueño y por sembrar tanto prejuicio hacia otras formas de vida.
____El estado de derecho en Puerto Rico establece literalmente que el matrimonio es una institución civil que procede de un contrato entre un hombre y una mujer.
Que los cuerpos legislativos se dejen secuestrar por gente que ha perdido hasta a su propio rebaño, deja mucho que desear de los líderes que dirigen a este país.
____Que legisladores divorciados, casados con amantes, prediquen en el hemiciclo la vida que otros deben seguir, amparándose en la Biblia, nos debe repugnar.
Un estado de derecho que no reglamenta los derechos y los deberes de unas realidades en el pueblo es uno muerto.
____Los legisladores que respaldan esta medida pretenden hacernos creer que mañana la vida de cada cual cambia si ellos logran imponer su manera de ver el mundo. Porque de esto es que se trata: de su visión de mundo aunque no sea la visión que ellos practiquen.
La concesión o limitación de derechos debería ser objeto de un estudio racional.
____La enmienda constitucional propuesta no añade derechos a los casados, pero al elevarse a ese rango marginaría aún más a los que no están en matrimonio. Ese es el efecto.
____¿Cuál puede ser el móvil? ¿Creerán de verdad esos legisladores que luego de una enmienda constitucional como esa, los que conviven correrán a casarse, que los homosexuales dejarán de serlo, que los casados serán más felices? Y si así fuera, ¿qué beneficios buscan para el colectivo? Me temo que lo que buscan es imagen. Porque, lamentablemente, todo esto es pura imagen.

Editorial: ¡No a la Resolución 99!


[publicado originalmente en APEP INFORMA año 2, edición 13, enero 2008]

____En ocasiones particulares, tenemos que asumir posturas tajantes como colectivo. Por esto, la Asociación Puertorriqueña de Estudiantes de Periodismo (APEP) rechaza, categóricamente, la Resolución Concurrente del Senado número 99, que pretende llevar a rango constitucional el matrimonio entre un hombre y una mujer.
____ Aceptar esta resolución sería ir en contra de nuestros principios como Asociación. Según establece nuestro Reglamento, nosotros “lucharemos por una sociedad que asegure a cada ser humano el derecho a expresarse sin impedimentos basados en raza, color, sexo, orientación o preferencia sexual o afectiva, origen o condición social o económica, impedimento físico o mental, ni ideas políticas o religiosas”.
____ Seríamos unos hipócritas si apoyamos la Resolución 99, porque nuestro fin es defender las libertades esenciales de nuestro futuro oficio como la libertad de expresión, de prensa y de palabra. En cambio, esta medida coarta las libertades de la mayoría de los puertorriqueños y puertorriqueñas. Por esto, repudiamos el discrimen que ocasionaría su aprobación, y abogamos por el respeto de la individualidad de cada ser humano. Creemos que el Estado estaría censurando las relaciones humanas y las expresiones de afecto que consideramos legítimas.
____Esperamos que los dirigentes de este País, que fueron electos, y los fundamentalistas que merodean por donde no deben, vean que aprobar esta resolución conllevaría expropiarle libertades a los ciudadanos. Igualmente, exhortamos a que se respete la división entre Iglesia y Estado. Al Estado lo del Estado y a la Iglesia lo de la Iglesia.
Como pertenecemos a una sociedad democrática, confiamos que nuestra postura se escuche y respete. Finalmente, pedimos al Pueblo que reflexione y se empape de información sobre las implicaciones que conllevaría enmendar la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

Crónica de una derrota anunciada, por Carolene Fontanet Smith

 

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Para cualquier puertorriqueño que se valorara como tal, la noche del pasado sábado 19 era la “noche de la pelea”. Desde que escuché sobre el combate de Tito Trinidad vs. Roy Jones Jr., semanas atrás, imaginé lo peor. Ya fuese por lógica o por desdén, estaba segura de una derrota para el puertorriqueño. Hace mucho tiempo que el campeón había dejado de serlo y últimamente se había convertido en un chiste gastado en nuestro país. Quizás por eso decidió salir del retiro; claro que hay que considerar el obvio elemento económico, pero no es justo decir que ese fue su único motivo. Para eso le habría bastado una campaña publicitaria cualquiera, o quizás llegar a vender un par de guantes firmados en eBay…pero no. Nosotros los seres humanos somos más complejos que eso y de seguro que el otrora héroe borincano ansiaba volver a serlo. Sin embargo, verlo salir del retiro –una vez más- era algo así como ver a la Iris Chacón meneando las cachas entrada en los sesenta, como oír la voz dorada de Frankie Ruiz cuando ya las drogas la habían demacrado…algo incómodo, por no decir más.

¿Pero como culpar al púgil? No debe ser fácil pasar de ver tu rostro plasmado en banderines, camisetas y pañuelos por doquier a entrar a un supermercado y solo cazar un par de miradas furtivas. Así que buscamos a los que debieron haber estado ahí para aconsejarlo y sabemos que nadie se le plantó de frente a recomendarle que no peleara. Por eso, al igual que Santiago Nasar caminaba hacia una muerte segura en la novela de García Márquez, de camino al cuadrilátero, Tito se encaminaba a una derrota inevitable, y nadie, absolutamente nadie, se ocupó por evitarlo. Se podía parar antes pero ya no, no cuando los fanáticos estaban sentados esperando, no cuando el Madison, Don King y Pay-per-View habían firmado sus contratos. Y por lo tanto, ya no quedaba más que aceptar el porvenir, cada cual en su posición: Tito en una esquina, Jones en la otra y nosotros acá en la Isla sentados frente al televisor.

Yo, desde una marquesina riograndeña, veía a las personas a mí alrededor regocijarse, esperanzados como en tiempos mejores. Los grandes se servían del caldo gallego de la abuela y los chiquitos se atosigaban de papitas de la Frito Lay deliciosamente grasientas. Las Coors Light en la nevera y los sorullitos de maíz con la mezcla prodigiosa de kétchup y mayonesa, en la mesa. Entonces subieron los boxeadores al cuadrilátero y los cánticos de “¡Tito, Tito!”, no se hicieron esperar. Ese coro tan familiar que podía servir de apoyo, pero también era una carga…y no puede ser fácil llevar a cuestas la esperanza de un pueblo que quiere una razón más para celebrar, para olvidar que el país se nos cae en cantos, para poder beber y gritar y escribir “Tito # 1” en tinta blanca en las ventanas del carro y salir en la madrugada a tocar bocina, para que aquel antipatriota que se quedó durmiendo se tenga que levantar y se entere, que el nene puertorriqueño ha puesto el nombre de la Isla en alto, y que somos pocos, pero buenos.

Y todo era ruido hasta que suenan los acordes de nuestro himno, y nos contagiamos de la emoción del cantante cristiano que lo entona, porque sea cual sea su origen, ese es nuestro himno, y se esta escuchando en el Madison. ¿Oíste? En el Madison. ¿Okey? Todo ese cinismo que me protegía se evaporaba hasta desparecer por completo al ver de cerca esos ojos grandes, esa sonrisa de niño…tan ingenua, tan esperanzada…que rompe el alma y estimula a rogar por un milagrito. Entonces, contra todo pronóstico, desee verlo treparse en las cuerdas, y como lo hizo anteriormente -hace tantos años ya-, lanzar un grito de victoria sonoro que fuese acompañado por miles de sus compatriotas.

Al comienzo parecía que tal vez había algún chance para ese deseo. En los primeros asaltos, los espectadores se levantaban en una ola improvisada, unos implorando al cielo la bendición y unas profesando amor eterno a ese “gallo”. Pero ya después del cuarto asalto nadie se levantaba, y todos compartíamos un nuevo deseo, que cada intervalo de tres minutos pasara más rápido que el anterior; porque ese maldito contrincante parecía de hierro, “fresquecito” y para colmo, se pasaba de burlón. Nuestro profeta boxístico se cayó no tres, sino dos veces, pero dolió igual. Y ya hacia el final sólo pedíamos clemencia, que no se cayera una vez más, que resistiera, que no lo “noquearan”. No se cayó. Terminó el combate sin gloria y seguido, la decisión que ya todos adivinábamos. Los que en un principio lucían más seguros de una victoria puertorriqueña, buscaban justificaciones, lamiéndose las heridas. Cierto o no, muchos aseguraron que el Junior se abstuvo de liquidar a nuestro astro debilitado, y si es así, se lo agradezco. El caso es que el caldo milagroso de Doña Irma no funcionó. Perdió Tito, perdimos todos.

 

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